PARA NOEL NICOLA...

Cuba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un miércoles de agosto de 1997, estábamos en la finca esperando a Silvio. Todos alborotados como lo que éramos y seremos siempre “La Docena más grande del mundo”. Y allí estabas sonriendo con tu camisa celeste escondido cerveza en mano entre algunos árboles.


Me acerco y te digo: “A ti te conozco”, no lo creo dijiste. Negabas haber escrito canción alguna con tu risa de niño travieso escondiendo algo. No me engañabas, te conocía por Vallejo y me sentía como María del Carmen. Pero mi trinchera no está en un fusil sino en difundir música.


Pasamos horas conversando mientras los demás rondaban alrededor de abrazos, saoco y Silvio.


¿Con quién pasó casi todo el día la Illa, se decían? Riendo abrazados ya siendo íntimos amigos les dijimos: "con un cantor desconocido".


Así era cada dos años, una década completa. Un miércoles de agosto en La Habana. Dos amigos, una que no sabía si estaba fascinada con el otro y tu riendo, haciendo bromas. Para mí eras el Flaco, que me importaba que siempre esos momentos robados a aquellos que formaban esa secta casi religiosa llamada la “Tropa Cósmica” anduviera detrás de otros trovadores.


Éramos los cómplices, los que reían al ver guitarras pasando de mano en mano, las voces, banderas. Simplemente dos vasos que se vaciaban de cervezas llenas de poemas, guiños, risas. Cariño, admiración, tú siempre mirando a todos lados y dándome señales para ver alguna travesura de otro, algún amor que surgía por allí. Al despedirnos decíamos nos vemos el otro miércoles que sabíamos que era dentro de dos años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siempre esperaba ese miércoles. Malaya la hora en que leí “Noel ya no está”. Era imposible, seguía leyendo y llegué a aullar a grito vivo del dolor. No me importaba quien me viera: ese día entero te lloré a gritos.


Te prometo ir un miércoles, llevar unas cervezas unas para ti, otras para mí. Y que importarán las miradas de los que pasen por el Cristóbal Colón, estaré cumpliendo una promesa que  no cumplí   una década por  saber que no estucharé tu risa, pero esta estará presente en tu recuerdo, en el olor a tabaco, en la luna color de queso de tu Habana. Iré, y no te perdono. No te perdono el haberte metido tan dentro de mi corazón para esfumarte en recuerdos mi querido amigo.

 

 

 

 

 


 

 

IllariOrg. Es un sitio de difusión cultural, los derechos sobre su contenido pertenecen a sus respectivos autores.