Vox horrÍsona

Poemario de Luis Hernández Camarero
Fotografía tomada y donada por Betty Adler


 

 

La mala Junta

Enrique Sánchez Hernani
Somos N° 1087
06/07/07

Revelaciones una investigación realizada por Edgar O’Hara, el mayor estudioso de la vida del Poeta Lucho Hernández, plantea la nada desdeñable hipótesis de que el vate habría sido víctima de la Dictadura de Videla

 

Luchito Hernández, ex campeón de peso welter, a quien su luz ("una luz que reuní") lo fregaba, tal como lo escribió en un poema con sus rutilantes plumones de colores, debe estar sacándonos la lengua desde su recinto en EL ESTANQUE MOTEADO (titulo de uno de sus cuadernos). Ya no paseaba por LA AVENIDA DEL CLORO ETERNO, aplanando las calles con su sonrisa de pertinaz adolescente, pero tampoco se ha opacado EL SOL LILA de su poesía. Al contrario, Luchito está más vivo que nunca, a despecho de la historia aquella de un tren que lo arrolló en la localidad de Santos Lugares (Argentina) un 3 de octubre de 1977, cuando aún no cumplía los 35 años.

Sus ávidos lectores, resta decirlo, con el tiempo han ido aumentando y han hecho del poeta un autor de culto, cosa que a él le haría mucha gracia, pues solía burlarse de la solemnidad con que otros se tomaban el asunto, regalando a diestra y siniestra sus famosos cuadernos escolares con sus versos anotados a mano. "A mí lo que más me gusta en la vida es el aserrín, los bares, el mar y las esquinas y nada más", le había confesado a un atónito Alex Zizman en junio de 1975, para una entrevista que entonces publicó un diario local.

Su fama de poeta marginal (apenas publicó en vida tres pequeñas colecciones de poemas, dejando inéditos una cincuentena de cuadernos, aunque se cree hayan más en poder de desconocidos) se acrecentó con su partida de este mundo. Por entonces, en 1977, una leyenda urbana circuló con profusión: que el poeta, fumando un cigarrillo, le había dado el encuentro a un tren e] una localidad cercana a Bueno Aires, el cual lo había despedaza do. A esta se sumó otra: que a falta de restos humanos, su familia optó por enterrar simbólicamente un catafalco vacío en un cementerio limeño, lo cual resultó ser falso. Los restos del poeta fueron recogidos por su hermano Max en la Argentina y entregados al cementerio El Ángel, meses después de su desaparición, el 28 de febrero de 1978, según reza la lápida.  

ZONA DE MISTERIO


Edgar O'Hara, poeta y ensayista peruano afincado en los Estados Unidos, y que ha trabajado un archivo sobre el vate para  la Universidad de Washington, pone en duda la versión del suicidio. Y ahora, a 30 años de su desaparición, es de inminente aparición un volumen antológico elaborado por él que recoge su obra lírica. El libro se llama LA SOÑADA COHERENCIA, en referencia a un verso de Hernández.


O'Hara, con el propósito de elaborar el archivo del vate para la universidad estadounidense, viajó a la Argentina, tras el misterio de los últimos días de Hernández en esa ciudad. Luís partió a Buenos Aires en 1977, en pos de un tratamiento psiquiátrico. O'Hara nos hace un recuento: "En el invierno de 1999, cuando vamos por primera vez a Argentina con el proyecto del Archivo Hernández, descubrimos que el poeta no había estado en ninguna clínica de Santos Lugares porque allí no hay clínica alguna. La clínica del doctor Jorge García Badaracco quedaba en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires. A media cuadra pasaba el tren urbano".

Tras esta comprobación, al estudioso le preocupó la presencia de demasiados cabos sueltos. ¿Por qué Hernández eligió morir, si esa fue la decisión, en Santos Lugares?", fue su primera interrogante. La siguiente duda se la proporcionaron dos sueltos periodísticos aparecidos en los diarios argentinos Crónica y La Razón donde, a días de la nefasta desaparición del autor de VOX HORRÍSONA, sospechosamente consignaban datos de una uniformidad intrigante, sin dar detalles del posible arrollamiento. "Parecería evidente -concluye O'Hara- que ambas se basan en una fuente común", para seguidamente preguntarse: "¿Un parte policial?".

A continuación, como un detective, O'Hara se acercó a la estación policial de Santos Lugares, el posible escenario de los hechos. Los dos oficiales que lo atendieron le respondieron que los archivos de aquellos años, los más feroces de la dictadura argentina, habían sido quemados. Al parecer, muchas de las víctimas del general Rafael Videla iban a para allí tras ser asesinados, para fingir accidentes. El estudioso también interrogó a dos memoriosos y antiguos vecinos del lugar, pero nadie recordaba el accidente que habría matado al poeta.

Unas horas después, Badaracco, en una repentina recuperación de la memoria, llamó por teléfono a O'Hara y confesó conocer al poeta, pero señalando que él no lo había atendido sino un psiquiatra peruano que por entonces estudiaba en Buenos Aires: Alberto Péndola. Añadió entonces que Hernández era muy nervioso y que quizá sufría de hepatitis y dolores gástricos. Se excusó, por último, porque la familia Hernández había pedido no dar detalles.

Así resume O'Hara su especie de viaje a la China, aunque era la Argentina: "No hallamos documentos del poeta (es decir, cuadernos) porque ni el doctor García Badaracco ni el asistente Marcelo Rapoport (quien estaba de interno en la clínica el mes de octubre de 1,977) recordaban a Hernández. ¿O no querían recordarlo? De este modo nos fue imposible ubicar a otros pacientes de la clínica de aquella época y así poder acceder quizás a cuadernos inéditos que L.H. les hubiera regalado". Una lástima.

En Lima, Péndola conversó con O'Hara, pero negó haber estado a cargo de Hernández y que su participación se limitaba a reunirse con el poeta una o dos veces a la semana en la clínica de García Badaracco. Péndola le contó que el vate solo k hablaba de música y poesía. También negó conocer la dependencia de las drogas que sufría Lucho, pero afirmó saber que éste se hospedaba en una pensión cerca de la clínica. El por qué habría elegido el poeta suicidarse en un sitie tan distante como Santos Lugares seguía siendo un misterio.

LOS ÚLTIMOS CABOS


Posteriormente O'Hara tuvo acceso a otro importante documento: "El acta de defunción indica muy claramente que se produjeron traumatismos craneanos pero en ningún sentido permitir deducir que Hernández se suicidó". En cambio, sí figura en el documento que el deceso se produjo por un "accidente ferroviario' Pero las circunstancias del deceso son igualmente oscuras.

El estudioso añade que en un artículo de hace años, se dio a conocer una carta de despedida dirigida a Betty Adler que reforzaría la versión del suicidio. Dice "Es un argumento a favor del suicidio, aunque no sabemos si es; carta fue redactada en una fe cha muy anterior o si fue el fruto de un bajón anímico del poeta. La pregunta clave es qué ha cía Hernández en Santos Lugares la madrugada del 3 de octubre de 1977".  La interrogante parece no tener resolución.


O'Hara muestra su desazón ante el asunto, que sóolo agrega más gasolina a la leyenda urbana. Nos lo dice: "Nuestra pesquisa en los bomberos y la estación de policía en Santos Lugares, así como en Accidentes Ferroviarios, cerca de la estación de Retiro, fue estéril. La dictadura se encargó de eliminar todo registro de accidentes, suicidios, muertes sospechosas".

Tras esta elucubración, el investigador da la hipótesis ala que lo han llevado sus pesquisas: "Pudo ocurrir que el poeta haya caído en una redada en Parque Lezama, en Buenos Aires, y que se pusiera `sabroso' con la policía y que el incidente terminara con el asesinato de Luís y el cuerpo que `aparece' en la vía férrea de Santos Lugares, transversal de la calle El Porvenir. No hubo, pues, testigos oculares hasta donde podemos saber".


Mientras todo no quede debidamente aclarado (será eso posible?) todo puede haber ocurrido. Nada de esto echa sombras a su poesía, que crece altísima en el curvado universo. Loor a ti, Gran-Jefe-Un-Lado-Del-Cielo

 

 

 

 

 

 


 

 

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