Vox horrÍsona

Poemario de Luis Hernández Camarero
Fotografía tomada y donada por Betty Adler


 

Luis HernÁndez, diez aÑos despuÉs

Edgar O' Hara

 

 

(...) Poética de los cuadernos

La segunda edición de Vox Horrísona (1983) se agotó rápidamente. En ella se agregaron cuadernos que no habían entrado en la edición preparada por Nicolás Yerovi en 1978. Pero subsistió el problema. ¿Qué concepto de la poesía planteaba el libro. Si los editores hubieran querido respetar la voluntad del poeta, lo aconsejable habría sido una edición fascimilar de los cuadernos, cosa poco menos que imposible en razón de los costos. Queda, pues, un espectro poético al que todavía en vida Luis Hernández logró darle cierta estructura, desde el título mismo.

La poesía de los cuadernos no pretende ser ni "trascendental" ni del "conocimiento". Se trata de un registro de circunstancias que el poeta filtra hacia tales o cuales cuadernos, siguiendo principalmente un criterio temático. En esta labor de circuito solitario y dirigida a un lector eventual (dado que Hernández regalaba los cuadernos según las amistades o el capricho), la palabra se postula como mezcla: narración, ensayo, poesía dramática.

¿Cuál es el tipo de verso, entonces? Uno diría que el de corta extensión y de estrofas alargadas. Pero también cabe la prosa recortada súbitamente para ingresar en una estructura versal. El centro de esta poética es el sentido fragmentado, es decir, el adjudicarle significación poética a trozos verbales  caracterizados por la simple anécdota, el disparate, el fulgor o la gracia de un momento stoned (yerba o algo más fuerte), el juego fónico, la parodia, la cita textual, la autorrepetición.

Así llegamos a la noción de excedente poético. El espacio del poema no se agota en sí mismo y es por eso que el poeta puede escribir muchas versiones de un poema o una traducción e incluirlas en diferentes cuadernos. O ampliar el tema primigenio y revisar críticamente el tema que le dio expresión.

Los cuadernos representan una explosión de discursos en una cadena que se lanzan a la conquista de sentidos insospechados. Y no por otra razón la obra de Hernández se unta como mantequilla en una realidad o situación histórica en la que las propuestas políticas son muchas y, más que esperas, excluyentes, la poesía de Luis Hernández es la pluralidad de afectos, pero más que nada se ofrece como un oasis de cordura, una batalla contra el dolor (cualquier dolor).

La poesía de Hernández, leída desde el presente, comporta una variedad de caminos, empezando por los tramados básicos que la atizan: lo risible y lo trágico, la sátira y la culpa. No es la búsqueda de un punto firme, sino el movimiento permanente.

Una especie de mutación expresiva que no reclama para sus adeptos (esas creaciones que son sus alter ego: Shelley Alvarez, el Capitán Dexter, Gran Jefe un Lado del Cielo) ni la letra con sangre ni las altas esferas.

Simple y llanamente canta la traslación, la alternancia, la modificación de las conciencias atormentadas por una doble angustia, física y ética. Y crea entonces un híbrido o quizás un anti-género  que el propio Hernández no alcanzó a definir. Quienes deben darle nombre son los lectores de Vox Horrísona. Por mi parte ofrezco el esbozo que una prolongada lectura de esta fascinante poesía ha intuido.

Las facciones

La palabra facción posee dos acepciones importantes. Es el rostro, la faz la huella personal. Pero también la opción de corte político en el más lato sentido. Y acá valdría la pena indicar que la poesía de Hernández es fuertemente política, contra todo lo que podría pensarse.

Con esta palabra en plural pretendo aludir a gran parte de la poesía de Hernández. Resultaría irrisorio pensar  en incluirla en una sola categoría literaria. Pero de hecho el cruce de géneros (poesía, narrativa, monólogo dramático, digresión teórica) pueden someterse a un intento de descripción.

Los cuadernos de Hernández representan, tácitamente, el grueso de apuntes para las facciones. Se convierten, por eso, en agentes de la proyección de los sentidos de cada estructura literaria (violada o parodiada). De modo consciente, la zona de la rutina ingresa como "facción" al mundo oleado y sacramentado de  la poesía.

¿Es esto poesía?, se preguntaban algunos lectores en 1978. La inquietud era justificada, pero habría carecido de respuesta, de no mediar esa noción de valor que simultáneamente otorgan los lectores.  Volvemos, pues, al Bécquer de qué es poesía y tu me lo preguntas. Así es la jarana. La obra de Hernández parecería responder que el poema es el salto de lo inquietante a lo cotidiano, la vuelta a la vulgaridad de la existencia. Y de ahí que cada poema, como siguiendo el trazo de las facciones, se convierta en gesto.

Actitudes: entre la voz y la mímica, ahí reside la perturbación poética. Un orden para el caos, y viceversa; unos colores psicodélicos para incentivar la vista; un lenguaje técnico - medicina, botánica, astrología - para obtener un tejido verbal sorprendente. La facción requiere del cuaderno de la misma forma que éste proviene del entrecruzamiento de circunstancias verbales. El traslado de estas circunstancias (repeticiones de cuaderno a cuaderno) es lo que define a la facción, y por eso apreciamos una entropía en nuestra contemplación global de Vox Horrísona.

Apropiación y desgaste al mismo tiempo , porque no hace más que apropiarse de los estatutos de cada convención formal.

Hernández no sólo jugaba con las palabras; se vacilaba de lo lindo con los géneros que  anhelan reglamentarias. De ahí que la intencionalidad de cada poema supere la mera inclusión en cuadernos. Considerándolos facciones, como si fueran objetos de diferentes usos según el público, sería posible reordenar y desordenar una y otra vez los cuadernos y sus inquilinos (traducciones, poemas, dibujos, recortes de períodico).

Los cuadernos se muestran como espectáculo. La escenografía cambia como van rotando los libros en una biblioteca personal de acuerdo a los intereses del lector. Como ganan o pierden atractivo ciertos autores de acuerdo al gusto que prevalece en una época.

Las palabras coinciden con experiencias inéditas. Las facciones de Hernández son el resultado de una confrontación no sólo poética sino ideológica. Si de alguna manera un analista social puede decir que Arguedas olfateó en Chimbote algo que se plasma en el zorro de arriba y el zorro de abajo y prevé ciertas circunstancias culturales del presente, lo mismo se podría decir de Vox horrísona. No hay nada de esotérico en esto. El arte no va en pos de las esencias. Se limita a propalar las llamaradas de lo obvio, pero con una pizca de anticipación.

 

 

 

 

 


 

 

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